Tu equipo no tiene un problema de comunicación. Tiene un problema de estructura.

Tu empresa contrata una capacitación de comunicación. El consultor habla de lenguaje corporal, de proyectar la voz, de hacer contacto visual. El equipo sale motivado. Dos semanas después, las juntas siguen siendo iguales. Las presentaciones siguen siendo confusas. Las propuestas siguen perdiéndose en el camino.

No es que el equipo no sepa hablar. Es que no sabe construir lo que quiere decir.

La diferencia entre entrega y estructura

Piensa en la última presentación interna que viste. Probablemente tenía slides limpios. Probablemente el presentador hablaba con seguridad. Pero si le quitabas la capa visual y el tono profesional, lo que quedaba era una secuencia de datos sin jerarquía, sin una tesis clara, sin un hilo que conectara el punto A con el punto B.

Eso es un problema de estructura, no de comunicación.

La estructura es lo que determina si tu mensaje tiene fuerza o no. Es el esqueleto. Todo lo demás (la voz, el carisma, los slides) es el traje. Y un traje caro sobre un esqueleto débil no convence a nadie.

Cómo se ve el problema en la práctica

Lo ves en las juntas que duran 90 minutos y no llegan a nada. Lo ves en los correos de tres párrafos que nadie termina de leer. Lo ves en los pitches que tienen 40 slides porque el equipo no supo decidir qué era importante y qué no.

Algunas señales concretas:

  • Presentaciones que empiezan con contexto en lugar de empezar con la conclusión.
  • Propuestas donde la recomendación aparece en la página 12.
  • Correos que plantean el problema pero nunca dicen qué se necesita del lector.
  • Juntas donde todos hablan y nadie responde la pregunta original.

Nada de esto se resuelve con un taller de oratoria.

Qué significa "estructurar" un argumento

En debate competitivo, un argumento tiene tres partes: la afirmación, el razonamiento y la evidencia. La afirmación es lo que dices. El razonamiento es por qué es cierto. La evidencia es cómo lo demuestras.

Parece obvio, pero la mayoría de la comunicación corporativa falla porque omite una de las tres. Se presenta la evidencia sin la afirmación (slides llenos de datos sin conclusión). Se hace la afirmación sin razonamiento ("necesitamos invertir en esto" sin explicar por qué). O se ofrece razonamiento sin evidencia ("creemos que el mercado va a crecer" sin datos que lo respalden).

Cuando un equipo aprende a identificar estas tres partes y a organizarlas en el orden correcto, la calidad de su comunicación cambia de inmediato. No porque hablen diferente. Porque piensan diferente antes de hablar.

El orden importa más de lo que crees

La mayoría de las personas organiza sus ideas en el orden en que las pensó. Eso produce comunicación cronológica: "primero investigamos esto, luego descubrimos aquello, después analizamos lo otro, y nuestra conclusión es..."

El problema es que tu audiencia no quiere recorrer tu proceso mental. Quiere saber a dónde llegaste. Y después decidir si le interesa saber cómo llegaste ahí.

Conclusión primero. Razonamiento después. Evidencia al final. Ese orden solo invierte el que la mayoría usa de forma natural, pero la diferencia en claridad es enorme.

No es un problema de talento

Los equipos con este problema suelen tener gente inteligente, técnicamente capaz, con buenas ideas. El cuello de botella no es que no tengan nada que decir. Es que no tienen un marco para organizarlo.

Eso se entrena. No con teoría sobre comunicación efectiva. Con ejercicios que obliguen a pensar en estructura antes de pensar en entrega. Argumentar una posición en 3 minutos. Defender una recomendación frente a preguntas hostiles. Sintetizar un análisis complejo en una sola oración.

Eso es lo que hacemos en nuestros programas corporativos. No enseñamos a hablar bonito. Enseñamos a pensar con estructura, y después lo demás viene solo.

Instituto Mexicano del Debate
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